viernes, marzo 26

Victimae Paschali …

 

 

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua. »
Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa.

 

VICTIMAE PASCHALI LAUDES
(Secuencia de la fiesta de Pascua)

   

 

Victimae paschali laudes
inmolent Christiani.

Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit pecatores.

Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.

Dic nobis Maria, quid vidisti in via? Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis,
angelicos testes, sudarium et vestes

Surrexit Christus spes mea;
precedet suos in Galileam.
Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere.

Tu nobis victor Rex, miserere.

Amen. Alleluia.

 

A la Víctima pascual
ofrezcan alabanzas los cristianos.

El Cordero redimió a las ovejas:
Cristo inocente
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la Vida se enfrentaron
en lucha singular.
El dueño de la Vida, que había muerto,
reina vivo.

Dinos, María, qué has visto en el camino? Vi el sepulcro de Cristo viviente
y la gloria del que resucitó,
a unos ángeles, el sudario y los vestidos.

Resucitó Cristo, mi esperanza;
precederá en Galilea a los suyos
Sabemos que Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos.

Tú, Rey victorioso, ten piedad

Amen, Aleluya.

 

 Aquí el audio

victimae_paschali

martes, marzo 23

Buscando defectos, encontrando virtudes.

 

Es en una de esas –muchas—ocasiones donde nos sentimos Santos Puros y buscamos los defectos de los otros, incluso ensayamos argumentos bien elaborados y sabemos –o creemos saber—el impacto que deberá tener cuando se lo digamos; pero, siempre puede más la humildad y los buenos sentimientos del otro, basta una sonrisa y una palabra que brote de profundis cordis para darse cuenta que no hay palabra, argumento o cita por muy buena y sapiencial que sea que pueda vencer ni la amistad ni la bondad.

Por tanto, en esta Cuaresma, elevemos nuestras oraciones a Yahvé haciendo nuestras las palabras del Salmista: “Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación”. (Cfr. Sal. 26, 8-9).  Amén.